Julio ya está aquí. Nada como ir a la playa temprano, antes de que lleguen los madrileños con sus sombrillas y sus aperos playeros. En la quietud de las primeras horas, cuando el sol ascendente todavía no golpea y el mar es una balsa rumorosa, la orilla parece una pasarela de cuerpos diversos que caminan a paso ligero estrenando sus pieles desnudas. Hay que ver cómo han proliferado los tatuajes en la cosecha del 26, apostando por un estilo cada vez mas emperifollado y barroco. Me invade una suerte de nostalgia por las viejas anclas marineras y los corazones rotos. La paleta de bronceados que luce el personal oscila entre el moreno tostado de los veteranos, el rojo cangrejo de los urgentes y las palideces góticas de los novatos. Y de repente un tanga feroz irrumpe en mi campo visual. Todo el culo al aire. ¿Todo? No! Una minúscula cinta circunvala su cintura a la vez que una cinta invisible se adivina en lo profundo del surco internálguico.
¡Córcholis! hubiera exclamado mi padre si hubiera podido llegar a verla. ¿Y por delante? Un retal de tela ínfimo, que ni un quesito de el Caserío, te reclama la atención desde lo profundo del bajo vientre, y ni las ingles cubre. Obviamente no asoma ni un pelo, escrupulosamente eliminado vía láser en la correspondiente depilación obligatoria. Uno, que practica el nudismo cuando la circunstancia es propicia desde que lo descubrió de joven en el paraíso perdido de Macarelleta, visto lo visto, no puede más que preguntarse: ¿qué vela tan minimalista velo?
Si fuera ingenuo y espontáneo diría, como la gran mayoría, la palabra que empieza por ‘s’ y que termina por ‘o’, con una lujuriosa ‘x’ por medio, pero no lo haré, por Tutatis!, que uno ya se ha currado a fondo los protocolos de lo políticamente correcto y no vamos a liarla por un quítame allá esas pajas, hombre! Así que nos ceñiremos a un enfoque puramente descriptivo. La respuesta es: vela el agujero, o, ya puestos, los agujeros, porque son dos los orificios concernidos, la vagina y, con permiso de PBP, el proscrito y ahora reivindicado ano, tan polifacético él. Fue Freud quien señaló la importancia de los orificios como geografía de la pulsión, umbral, frontera, lugar de paso. Y Lacan teorizará pormenorizadamente sobre el borde, el vacío, la Falta, el deseo y el indescifrable objeto a. Casi ná! … … … pero ¿a dónde vas, quillo?
Debe ser la calor, porque si no, ya me dirás tú qué hago yo divagando alrededor de todo este galimatías patafísico -eso que antes se llamaba “pajas mentales”- en vez de canturrear entonado la “chica de Ipanema”, que coisa mais linda, mais cheia de graça, mientras su silueta a contra luz se sumerge con un leve gesto de sirena en una ola que pasa y, sin más, desaparece bajo el mar.
Recórcholis, que diría mi padre, o, ya puestos, vanidad de vanidades, todo es vanidad.
Buen verano.