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sábado, 16 de noviembre de 2013

ESTO NO ES UNA PIPA



                                              
No hace mucho leía un artículo que publicaba el TIME titulado interrogativamente: “¿Ha muerto Freud?”.
Hay que decir desde ya que sí, que Freud ha muerto y que ¡viva Freud! Pero lo que ponía en cuestión ese texto era la validez de las propuestas freudianas y su vigencia cien años después. Porque hace ya cien años que Freud le dio la vez a la histeria. La vez y la voz, y le hizo hueco a su palabra, y ese hueco agrietó para siempre el mapa que pisamos.

¿Ha muerto Freud?
Por supuesto que Freud ha muerto. ¡Viva Freud! Pero la grieta sigue ahí bien abierta, y no hay parche ni consigna que la selle, ni Prozac que la colme. Es cierto que el Valium la calma a ratos y el amor a veces. El Rohipnol intenta dormirla en vano porque desde lo oscuro ella bosteza terrible en las pesadillas. Siempre quedará el Dólar, pensarán algunos, pero desde hace tiempo sabemos por la tele que los ricos también lloran y encima, Dios, Alá o Manitú, ya ves tú, siempre están comunicando. Puro bolero.
Estamos hablando de la FALTA, esencial y necesaria. Eso que Freud en términos pelín rupestres denominaba Castración. Esencial y necesaria decía, porque es necesario que la Falta haya para que el sujeto sea. Pero eso ya son palabras mayores, harina de otro costal lista para ser amasada en los apetitosos cursos que esta santa casa ofrece…ñam!

Así que volvemos al Time y al óbito interrogado. Una de las esquelas favoritas dice así:            
 EL PSICOANALISIS ES ACIENTIFICO, y no pude evitar acordarme de aquella maravillosa secuencia del Jovencito Frankeinstein en la que Igor (pronúnciese Aigor) preguntado por Fronconstin sobre las señas del nuevo cerebro recién sustraído del laboratorio de Anatomía responde inocente:“No recuerdo bien jefe. Creo que era de un tal A. Normal.   Sí, estoy seguro, el tipo se llamaba A. Normal”. Lo demás ya es etcétera.
Y es que está confirmado. Definitivamente. El Inconsciente no aparece en las radiografías. No importa la toma o el ángulo, debe ser radiolúcido, y mucho me temo que ni la ecografía ni el TAC corran mejor suerte. Pero ¿es que acaso el deseo es fotogénico? ¿Quién ha inventado la red de pescar sueños? ¿Se sabe de alguien aparte de Alicia que se haya asomado al otro lado del espejo?

CUENTOS, POESÍA, PURA PALABRERÍA, dice la siguiente esquela, y una vez más estoy totalmente de acuerdo. Palabrería pura y dura. A pelo. “Hable usted y diga lo que se le ocurra sin rechazar que”, como marcan los cánones. Por la boca muere el pez. El pez es la palabra y el anzuelo va dentro. ¡Qué cosas dices! Si yo te contara. Cuenta, cuenta.
Freud ha muerto. Viva Freud.

Ya, ya, pero todo el mundo sabe que PARA FREUD TODO ERA SEXO, viejo verde, judío calenturiento, teorías lúbricas y mitos griegos. Aunque toda España también sabe, por boca de su hermana del alma Lolita, que Antonio Flores, que en paz descanse, todavía tenía complejo de Edipo, y así le fue. Pero tendrán que perdonarme porque yo no voy a hablar de sexo, que para eso ya está la doctora Ochoa y la señorita Gemio, las  teles y las radios todas, el cine y el rock, los periódicos más serios y las revistas más guarras, el bar de la esquina, la peluquería, los gimnasios, las guarderías, la plaza de correos, los confesionarios de las iglesias, los urinarios de la estación. En fin. Chitón.

¡Ah, viejo Freud! ¿Dónde fuiste a meter la oreja, que tanto irrita tanto tiempo?
Meter la oreja. De eso trata el psicoanálisis. Y en eso está el analista. Oyeur que no voyeur pues. Yo aún diría más, oidor que no oyente. Sujeto de una escucha que diremos ética, la cual precisa de nuestra parte no tanto de una limpieza de oídos como del arte de una pasión distante, y es desde esa distancia apasionada que uno va a oír lo que el otro dice y va a escuchar lo que el otro no dice, porque es en ese decir que no se dice donde habita la verdad velada. Y a desvelar ese velo es que viene el psicoanálisis, viaje de desvelación, proceso de desvelamiento y desvalimiento, revelación de ESO inconsciente que es la primera mentira verdadera. Pues eso.

Evidentemente evidente miente. Amén.
                                                                                                    Bahía. Julio del 95.  

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